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Un divorcio muy unido

Los costarricenses se rasgan las vestiduras ante los anuncios de corrupción en FIFA, las detenciones y procesos judiciales de sus jerarcas, las dudas que se generan por la administración del fútbol costarricense y supuesta falta de transparencia en las múltiples denuncias que se han presentado.

Es importante indicar que en suelo costarricense NO existe una ley para el fútbol y otra para los simples mortales costarricenses. La ley es para todos y en todos los aspectos. Aquella amenaza de que si “lo lleva a FIFA podemos ser sancionados”, tiene tan poco peso y debe ser tomada por todos como una frase “burlesca” de nuestra independencia y deber para con la justicia e institucionalidad costarricense, pues no importa cómo, donde ni cuando, si un actor en nuestro suelo actúa contra la ley, debe ser juzgado conforme lo dictamina nuestra legislación y si ello conlleva una sanción de FIFA, pues bienvenida sea.

No por menos nuestros ancestros se partieron el pecho forjando esta tierra y nuestra institucionalidad, hasta con sangre, para que hoy el fútbol venga a someternos a supuestas corruptelas simplemente por ser un “opio” del pueblo.

Es claro que para algunos de nosotros el fútbol es un entretenimiento, pero como industria genera empleo para miles de personas, sin embargo, si dentro de la organización formal del fútbol deciden dirigirse de manera que no son correctas, les puedo garantizar que lo último que pensaron sus dirigentes es lo que nosotros pensamos; así que mejor deje al fútbol, su ley y su organización, tener la vida que deseen, pues a usted y a mí nunca nos van a tomar en consideración antes de tomar una decisión.

Usted y yo solo servimos para llenarles los estadios, comprar sus productos y obtener nuestros recursos para su utilidad sin importar retribuirlo de alguna manera; esto es algo así como “nuestra obligación” según su dirigencia mundial, tanto es así que usted para asistir a una Copa de Mundo queda más registrado que si fuese investigado por una oficina judicial internacional.

Por: Lic. Fabio Escalante MBA
fabio@fabioescalante.com

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